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LA
VENGANZA DEL POLLO - Paco Rego
¿Se han vuelto locos los virus? "No, los
locos, si acaso, somos nosotros, las personas, que estamos llevando a
la naturaleza a unos límites insostenibles", exclama rotundo el
veterinario Josep María Aumetell. Quizá no le falte razón a este
veterano médico de animales. Quizá, también, por venganza, los
pollos se han rebelado contra el hombre mandándole un virus, que no
se creía nocivo para los humanos, en respuesta a los malos tratos
recibidos precisamente del animal más inteligente y desarrollado de la
Creación.
La última víctima mortal, un veterinario holandés de 47 años, fallecía el domingo pasado a causa de la denominada gripe del pollo (peste aviaria). No estaba vacunado ni había tomado medicamentos antivíricos. La epizootia (epidemia animal) se extiende imparable por Holanda y Bélgica. Son ya más de 80 los ciudadanos holandeses que han contraído conjuntivitis y alergias, y cerca de 16 millones de aves de corral sacrificadas en el país de los tulipanes. En Bélgica, donde 250.000 gallinas han tenido que ser llevadas urgentemente al matadero, ha sido necesario sacrificar otras 300.000 por temor a que el virus del pollo salte de un momento a otro a la población. No sería, de hecho, la primera vez que un microorganismo rompe sin causa aparente las barreras de las especies. El mayo de 1997 los habitantes de Hong Kong tuvieron que hacer frente a otra gripe del pollo, quizá de la misma naturaleza que la actual. Ocho ciudadanos murieron y cientos de infectados tuvieron que ser hospitalizados. Hubo, además, que sacrificar a más de millón y medio de aves. Infecciones intestinales, resfriados, alergias... El hacinamiento, las pésimas condiciones de vida y una alimentación cada vez más artificial son algunos de los argumentos esgrimidos por quienes critican el uso de pollos y gallinas exclusivamente como máquinas productoras (577 millones de ejemplares se crían al año en España). "Todas estas barbaridades podrían explicar los contagios", afirma la presidenta de la Asociación para la Defensa de los Derechos de los Animales (Adda), Carmen Méndez. En un informe reciente elaborado por la asociación que preside ésta bióloga, se denuncia sin tapujos el uso abusivo de sustancias tóxicas, productos hormonales y tranquilizantes que se les suministra a las aves a fin de mantenerlas sedadas, atenuar su estrés o acelerar su engorde. "La mayoría de estos productos pasan al organismo del consumidor". Las consecuencias, añade el informe, se traducen en los humanos en "alergias, diabetes o resistencia a determinados antibióticos, debido, en mayor o menor grado, al consumo de carne contaminada". La gripe del pollo, concluyen algunos expertos no deja de ser una respuesta más al trato cruel y doloroso que se le inflige al animal que más se consume en el mundo. CANIBALISMO EN LAS JAULAS Desde que salen del cascarón los polluelos son llevados como pelotas de goma a través de cintas transportadoras instaladas en las incubadoras y embalados en cajas con destino a las granjas. Entre 20.000 y 30.000 aves (población media de una granja) vivirán hacinadas y con luz artificial día y noche durante más de un mes hasta su sacrificio. El proceso es vertiginoso. Los pollos crecen y engordan a un ritmo mucho más rápido del normal y el espacio se reduce drásticamente. Donde antes cabían tres o cuatro ejemplares, malamente quedará sitio para uno. De manera que cada animal se verá obligado a competir por su parcela, el agua y la comida para poder subsistir. El permanente agobio al que están sometidos, debido sobre todo al cada vez mayor hacinamiento, provoca con frecuencia episodios de extremo canibalismo en las jaulas. Para impedirlo, a la mayoría de las gallinas se las mutila la parte superior del pico (hasta un tercio del apéndice) con una hoja de navaja al rojo vivo. Y sin anestesia. La razón última es evitar la pérdida económica que supone para el empresario que las aves se maten entre ellas. A los animales, en cambio, la carencia de una parte del pico, su principal instrumento de defensa y único medio del que disponen para alimentarse, termina causándoles dolores crónicos, similares a los que soportan los humanos que han sufrido amputaciones. CEGUERA E INFERTILIDAD Alimentados con productos tan innobles como cadáveres de animales, maíz transgénico o aceites de motor reciclado en los piensos - asegura un veterinario -,, cada año, millones de pollos y gallinas destinados al consumo humano, se quedan ciegos o con la visión disminuida. Es el precio que tienen que pagar para sobrevivir en granjas con altos niveles de amoniaco (lo produce la descomposición de las heces). No sólo se deterioran sus ojos. Al final de su época reproductiva, cuando la puesta de huevos decae y ya no son rentables, las gallinas de cría son sacrificadas, como los pollos, y convertidas en sopas, purés o empanadas. Su decadencia sexual comienza, sin embargo, mucho antes. Nada más entrar en la fase adulta de producción, las aves reciben, a través de la comida, dosis diarias de hormonas, con el fin de estimular la puesta y su crecimiento rápido. La selección es despiadada. Solamente las más productivas se salvan; a las demás se las da muerte durante el proceso de cría. Las aves que logran el indulto terminan acumulando cuatro veces más grasa que cualquiera de sus congéneres criados de forma tradicional. Esos mismos cuerpos, ahítos de hormonas, antibióticos y demás fármacos que contribuyeron al desgaste acelerado del pollo, serán los que finalmente llegarán a nuestras mesas sin apenas darnos cuenta de lo que comemos. "ELECTROSHOCK" Y GRILLETES La crueldad y el refinamiento de los métodos empleados en los mataderos convierten al sacrificio en un espectáculo grotesco. Lo primero que se les hace a los pollos y gallinas ponedoras es aturdirlos. Para ello se les introduce en un estanque con agua electrificada que los inmoviliza. Aunque no siempre. A menudo las descargas eléctricas lo único que consiguen es dejar inconscientes a los animales. El motivo, también en este caso, es puramente económico. Si se les aplicara la corriente adecuada, como han demostrado científicos de la Universidad de Bristol (Reino Unido), el 98% de las aves sufriría roturas múltiples en los huesos. Algo nada deseable para la industria alimentaria, ya que las astillas se incrustarían en los músculos del animal y su carne difícilmente podría ser comercializada. Como solución se les aplica una descarga eléctrica de menor intensidad, de manera que los huesos no se les rompan. En ese estado de aturdimiento, prácticamente agónico, las aves son colgadas boca abajo por una especie de grilletes unidos a una cinta transportadora. En fila, una tras otra reciben un corte en la garganta para que se desangren. Después, son arrojadas en recipientes de agua hirviendo. A veces, aún vivos, denuncia Adda. "Los pollos y las gallinas pasan directamente a los tanques de escaldado con plena conciencia". EL CORAZÓN REVIENTA Los pollos seleccionados exclusivamente para dar carne son forzados a alcanzar su peso de sacrificio en un tiempo récord: tan solo 41 días, el doble de rápido que hace 30 años. No importa lo que sufran. Lo único que se tiene en cuenta es la fría fórmula de las ganancias: a más carne, mayores beneficios económicos para los avicultores. A los 41 días superan ya los 2.000 gramos de peso, cuando una ave de corral no suele sobrepasar los 800 gramos en el mismo periodo de tiempo. El desgaste, pues, es brutal. Las patas, los pulmones y el aparato circulatorio de estas aves son incapaces de aguantar el ritmo de un cuerpo que se desarrolla a tanta velocidad. El corazón, de hecho, no da abasto y revienta. Las aves jóvenes sufren ataques hepáticos y fallos renales causados por el exceso de grasa. Las extremidades, a menudo, se deforman al tener que soportar un cuerpo demasiado grande. Las patas se rompen y millones de pollos se mueren de hambre y deshidratación al no poder alcanzar la comida. Cada día, más de medio millón de pollos perecen en las granjas de la Unión Europea por diferentes causas. Un sacrificio que el Comité de Salud Animal de la UE quiere desterrar. "El animal-máquina es una monstruosidad impropia de una sociedad civilizada. Y en España se practica cada vez más", asegura Carmen Méndez, presidenta de la Asociación para la Defensa de los Derechos de los Animales (Adda). HUEVOS "POST MORTEM" Incluso después del sacrificio la producción de huevos continúa. Son los llamados "huevos extraídos", semillas maduras que las gallinas mantienen dentro de sus cuerpos muertos y que, una vez sacados, pueden ser utilizados legalmente en la manufactura de galletas, pasta y muchos otros alimentos de uso común. La explotación se acelera desde el primer día. Las ponedoras más jóvenes y fuertes pasan a jaulas especiales o a un espacio acondicionado con paja. Un lujo sólo aparente. A las 18 semanas y con un peso que duplica al de una gallina tradicional, so encerradas en estrechas cajas de puesta donde permanecerán, al menos, dos años antes de ir al matadero. Durante uno o dos años seguirán en pie o agachadas sobre un incómodo suelo enrejado y con luz artificial las 24 horas. El fin último de la iluminación no es otro que estimular al animal al máximo para que ponga más y más huevos. Cada una de estas gallinas-máquina, alimentada con piensos industriales, pone una cantidad asombrosa de huevos: entre 270 y 300 por año, mientras los de corral, criados a base de alimentos naturales (gusanos, hierbas...) no pasan de 150. Antes de la puesta, y debido a la falta de privacidad y de espacio para la nidificación, las gallinas sufren episodios de agresividad y estrés. Millones de aves, con el aparato reproductor sobreexplotado, mueren con los órganos destrozados.
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